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| · Año 10 · Número 110 · Febrero 2004 · |
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Ahora que estamos en el segundo mes del 2004, es bueno que reflexionemos acerca de cómo han sido últimamente las relaciones interpersonales dentro de la estructura organizacional de nuestra empresa y hagamos un balance de la actitud y disposición frente al trabajo por parte de nuestros colaboradores y también de nosotros mismos. Por nadie es desconocido que un buen ambiente laboral, es un medio determinante para favorecer el óptimo cumplimiento de las metas y objetivos. No es factible lograr que las actividades se realicen de una manera eficaz y eficiente, si dentro del grupo de trabajo se carece de disciplina, ética profesional, valores y sobre todo una buena dosis de respeto entre los individuos que lo conforman. Durante el transcurso del año amable lector, podrá usted darse cuenta que convivimos la mayor parte del tiempo con los colaboradores y compañeros de trabajo antes que con nuestra propia familia, al menos claro está que la empresa o negocio a la cual pertenecemos se encuentre conformado por consanguíneos. La rutina y convivencia diaria puede en algunas ocasiones dar lugar a que se desencadenen fricciones que provocan un ambiente de tensión e incomodidad por parte de los protagonistas y personas que se encuentran alrededor del conflicto. No siempre llegamos a nuestro centro de trabajo con el mismo estado de ánimo, pudimos haber tenido un mal día y eso es comprensible que le suceda a cualquier persona, sea quien sea. Aquí es donde la ecuanimidad y experiencia del titular del área juega un papel muy importante, ya que no se trata de darle la razón a aquella persona que mejor le parezca, sino de buscar la solución al problema sin menospreciar la capacidad de ninguno de los participantes y sin perder de vista las condiciones que coadyuven al cabal cumplimiento del objetivo que se pretenda alcanzar. Lo importante en estos casos es anticiparse a la posibilidad de un problema con estas características, haciendo saber al grupo de trabajo de que de manera parecida a sus hogares, los compañeros con los que se convive día tras día, conforman una gran familia laboral, que al igual que nuestros hijos, cónyuges o parejas, padres y hermanos merecen todo nuestro respeto, únicamente por tratarse de seres humanos sin importar raza, creencias, clase ni condición social. Otra situación que hacer notar, es que una vez habiendo ingresado al centro de trabajo, será necesario dejar de lado todos los problemas personales que se hayan suscitado y una vez que haya concluido la jornada y retornemos a nuestras casas, dejar a un lado lo correspondiente a la empresa. Nuestros colaboradores y personal en general a diferencia de uno mismo, fueron educados bajo condiciones y situaciones distintas, por lo que es fundamental que se fomente dentro del grupo, la tolerancia y la prudencia hacia la forma de ser de los demás. Lo anterior en virtud de que cada persona constituye un ente singular e inigualable y no podemos esperar que la gente actúe o reaccione como nosotros quisiéramos que lo hiciera ante cada situación que se presente, somos únicos, no existen imitaciones. Asimismo es de vital importancia promover la amabilidad y cordialidad, creando un espíritu de colaboración entre los integrantes del equipo, procurando no hacer ni más ni menos absolutamente a nadie, sin ventilar los desaciertos de manera pública, siempre es mejor hacerlo en forma privada, únicamente con el individuo que cometió el error, ya sea por descuido o negligencia; haciéndole saber a él o a ella según sea el caso, la decisión que haya sido tomada respecto a la problemática suscitada. Por último quiero desearles para este año, un óptimo ambiente laboral en sus centros de trabajo, lleno de cordialidad, respeto entre sus integrantes, buena salud y que juntos tengamos una gran disposición de servicio ante la sociedad y nuestro hermoso país que es México.
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