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| · Año 10 · Número 110 · Febrero 2004 · |
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Iniciamos un año muy interesante, con muchos aspectos que influenciarán a los mercados. Por un lado la situación nacional es volátil y las reacciones a los acontecimientos políticos y económicos son muy importantes. Cada vez más, sin lugar a dudas, los sucesos en el extranjero tienen más repercusiones en nuestra economía. Los mercados internacionales se estrechan cada vez más y los eventos que suceden en un lugar a 15,000 kilómetros de distancia afectan como si tuvieran lugar a la vuelta de la esquina. Tiempos en donde una operación se cierra en un continente, se liquida en otro y los actores están en un tercero. Todo esto “On line” y sin “delay”, obsequiándonos de pasada con un nuevo glosario. Internamente hay elementos muy significativos. Es cierto, llevamos ya un considerable tiempo con una estabilidad macroeconómica. Sin devaluaciones aterradoras y con una inflación bastante aceptable. Sin lugar a dudas en esos aspectos las autoridades se han desempeñado de forma admirable. Y en el extranjero ha causado asombro que se controle lo que parecía como un problema eterno e insolucionable. Banxico ha sido exitoso en cumplir lo que le mande el segundo artículo de la Ley del Banco de México, textualmente: “...tendrá como objetivo prioritario procurar la estabilidad del poder adquisitivo de dicha moneda.” Es cierto, esta institución financiera ha cumplido su objetivo prioritario, el cual ha seguido una política monetaria, de corte monetarista, que ha sido efectiva en otros tiempos y lugares para controlar la inflación. No obstante, como se ha experimentado con anterioridad, estas políticas frenan el desarrollo, al privar al público de efectivo. Situación que ya se siente con desesperación al abundar los acreedores y deudores y escasear las cobranzas. Pronto, tendrá que reenfocarse el objetivo del Banco de México, sin embargo no es sencillo cambiar la política monetaria actual o siquiera implementar modificaciones. Interesante reto tiene sobre su escritorio Guillermo Ortiz este 2004. Comenzamos el año con la noticia de que a pesar de todo tenemos una excelente imagen en el extranjero. Nos encontramos con reservas internacionales en niveles nunca antes vistos, nos quedamos con el 25% de los capitales que buscaban colocarse en la región de América Latina, prepagamos deuda externa, nuestra bolsa mexicana de valores rompe récords, nuestra moneda por fin se revalúa ante un dólar que todo mundo quiere que se deprecie y a todo mundo complace. Y al parecer el señor Bush ya nos perdonó que no aceptaremos como justicia divina cada vez que un Tomahawk desgraciaba alguna aldea en Irak o Afganistán. El peso en unos cuantos días recuperó lo perdido durante la Político-novela del fin de año pasado. Es probable incluso ver más bajo el dólar en este primer trimestre. Y ahora nos preocupamos por nuestros exportadores, a quienes el súper peso los pone en la lona contra los países que ven ahora las bondades de tener una moneda “corcholatera”. El consumo norteamericano se perfila como uno de los más altos de los últimos 30 años, lo que indudablemente nos levanta el ánimo, y no pocos analistas nos quieren vender la idea de la bonanza del 2004. En mi particular punto de vista, es cierto, el panorama es atractivo y alentador, pero no hay que perder de vista varios aspectos. Primero económicamente hablando, encontrar el equilibrio ideal no es nada sencillo, ¿Qué tan bajo nos conviene tener al dólar? ¿Qué tan bajas las tasas de interés?¿Vale la pena arriesgarse a un cambio de política monetaria? Es intención de esta columna analizar situaciones de los mercados y tratar de definir perspectivas financieras. En nuestra siguiente columna trataremos algunos interesantes factores externos, que sin duda alguna nos afectan igual o más que las cuestiones nacionales.
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