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| · Año 10 · Número 109 · Enero 2004 · |
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En el anterior número de LÍDER EMPRESARIAL abordé el tema de la COMPETITIVIDAD con la perspectiva de lo que podemos hacer como empresarios y como mexicanos, desde nuestra personal actuación, para ser más competitivos como país y como sociedad. En esta colaboración abordaré algunas ideas sobre competitividad relacionadas con el TRABAJO INSTITUCIONAL EN COLABORACIÓN. Muchas veces nos preguntamos por qué ciertas sociedades son exitosas en terrenos específicos y por qué los mexicanos batallamos tanto para trabajar de manera cooperativa. De hecho, la teoría moderna de la administración determina que uno de los factores clave para la competitividad de una nación es la existencia de “Clusters” o agrupamientos industriales en donde empresas, instituciones y gobierno trabajan de manera coordinada para convertirse en los de mayor competitividad en una cierta industria o actividad empresarial. Un ejemplo de estos “Clusters” es el que Michael Porter relata en su libro “On Competition”: La Industria del Mosaico Cerámico en Sassuolo, que hoy en día tiene el 30% del mercado mundial. Sassuolo es una pequeña ciudad de la región de Emilia Romana en Italia. Allí, un conjunto de empresas pequeñas y medianas diseñan, producen insumos, materias primas y recubrimientos cerámicos que representan el 60% del total de las exportaciones de este tipo de recubrimientos en el mundo. Los orígenes de esta industria se remontan al Siglo XIII, pero no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando este lugar comenzó a desarrollarse. Anterior a esa época, la industria era muy incipiente, la arcilla se importaba de Inglaterra (En Sassuolo existía arcilla roja pero la industria usaba arcilla blanca). La maquinaria se importaba y la producción era básicamente para consumo doméstico. Sassuolo contó con la ventaja de tener mano de obra muy calificada ya que en esa región se encuentran las fábricas de Ferrari y Lamborghini. De esta forma, nuevas empresas se establecieron, proveedores se desarrollaron, las Universidades establecieron centros de Desarrollo para la Cerámica y las Organizaciones Empresariales en conjunto con los gobiernos trabajaron para el desarrollo de la comercialización. Actualmente esta entidad es un ejemplo mundial y aunque existe una competencia feroz entre los diversos productores ésta se orienta a ser la mejor en tecnología, calidad e imagen. No solo exporta sus productos sino su tecnología, maquinaria y recursos humanos. Dicha ciudad es un ejemplo de trabajo cooperativo. Los industriales, las instituciones educativas y el gobierno trabajan para un objetivo común: Ser los mejores del mundo en la producción de recubrimientos cerámicos. La competencia entre ellos existe pero no toma precedencia sobre el objetivo superior. En México tenemos muchos ejemplos de regiones que pudieron desarrollarse para ser los mejores del mundo en su especialidad y sin embargo no lo han hecho. ¿Cuál es la razón? Me atrevo a sugerir que es el privilegiar los intereses personales o los de un sector específico sobre los de una comunidad. Frecuentemente podemos leer en la prensa que una agrupación empresarial acusa a las autoridades de no apoyar a cierto sector productivo. También escuchamos que ciertas esferas de Gobierno consideran uno o varios sectores industriales como indeseables para la región o el estado. Recientemente hemos vivido el ejemplo de un grupo de políticos que claramente decidieron reformas importantes para el país sobre las bases del interés particular de un grupo dentro de su propio partido. Y no se trata de discutir aquí si las reformas eran buenas o malas para el país. El punto es que las consideraciones utilizadas para el análisis de dichas reformas no fueron de índole económica, como debieron de ser, sino basadas en situaciones partidistas y de futuro electoral. Los mexicanos estamos viendo pasar el tren de la competitividad desde la estación. Es este el momento de que todos, Gobierno, instituciones educativas, empresarios y organizaciones de trabajadores, nos decidamos a trabajar en absoluta cooperación, sin colores o sabores de origen político, regional o de extracción. Basta ya de pugnas estériles y declaraciones tronantes en los medios acerca de la incapacidad de un actor para estimular a cierto sector. El juego de la competitividad se gana conquistando mercados, no espacios en la prensa o la televisión. Si verdaderamente queremos ser competitivos debemos preguntarnos: ¿qué puedo hacer en mi empresa o sector para ganar mas mercados?; ¿qué puedo hacer como autoridad para simplificar la conquista de mercados por mis empresarios?; ¿qué puedo hacer como organización sindical para lograr que mis afiliados sean más competitivos? Soy optimista y pienso que en nuestro estado, por dimensión e historia, podemos lograrlo. Tenemos el buen ejemplo de la excelente cooperación entre empresarios y organizaciones de trabajadores. Subamos a esta plataforma los sectores que aún no estén. Seamos activos en la promoción de este cambio conceptual. Nuestros objetivos personales serán irrelevantes si la sociedad en la que vivimos se descompone por falta de generación de oportunidades. Mis mejores deseos para los lectores de LÍDER EMPRESARIAL en este año que inicia.
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