· Año 9 · Número 108 · Diciembre 2003 ·
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Lic. Miguel Ángel Sahagún

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Este es el último de los espacios que dedico al tema de las competencias en el trabajo. Después de haber mencionado sus características y aplicaciones en algunas áreas de la gestión de personal, siempre en referencia a publicaciones importantes sobre ello, quiero cerrar la serie con la relación entre las competencias y la calidad. Para esto, tendré que hacer referencia al modelo de excelencia propuesto por la European Foundation for Quality Management (Fundación Europea para la Gestión de Calidad), más conocida por sus siglas: EFQM.

La EFQM, cuya sede se encuentra en Bruselas, fue fundada en 1988 por 14 grandes empresas europeas. Actualmente, cuenta con más de 800 empresas miembros. Su misión, según nos explica el documento de presentación que aquí reseño, es “ser la fuerza que impulsa la excelencia en las organizaciones europeas de manera sostenida”. En consonancia con esto, la organización promueve la aplicación de su propio esquema de calidad, el Modelo EFQM de Excelencia, en todo tipo de organizaciones, sean públicas o privadas, pequeñas o grandes. Otra de sus actividades es la gestión del Premio Europeo a la Calidad.

El modelo, que tiene como función central permitir a la empresa realizar procesos de auto-evaluación, no es un modelo prescriptivo. Esto quiere decir que más que respuestas, lo que ofrece son preguntas que permitan ubicar puntos fuertes y áreas de mejora y, con ello, planes de acción a largo plazo. Para entender qué tiene de especial el planteamiento que hace la EFQM, hay que hacer referencia al que quizá sea su principio central:

Las organizaciones verdaderamente excelentes se miden por su capacidad para alcanzar y sostener en el tiempo resultados sobresalientes para sus grupos de interés.

Esto es muy relevante, especialmente porque apunta a la confianza que se puede depositar en la empresa, a partir de la sostenibilidad de sus resultados. Por ello, la evidencia que el Modelo EFQM considera en la evaluación de la excelencia empresarial no se restringe sólo a los resultados económicos que la empresa evaluada ha obtenido en el pasado, sino que incluye aquellos resultados que afectan a otros grupos de interés, porque ofrecen indicios de su rendimiento económico en el futuro: la satisfacción de la comunidad en la cual se encuentra inserta la empresa, la satisfacción y fidelidad del cliente y, por último, pero no menos importante, la motivación y la capacidad de las personas que forman parte de la empresa. Como puede verse, el que la compañía cuente con personas entusiastas, entregadas a su trabajo y que constantemente actualicen sus competencias, resulta uno de los pilares cruciales para poder confiar en sus resultados en el largo plazo. A continuación, los ocho conceptos fundamentales que especifica el modelo (el subrayado es mío):

Orientación hacia resultados • orientación al cliente • liderazgo y coherencia en los objetivos gestión por procesos y hechos • desarrollo e implicación de las personas • aprendizaje, innovación y mejora continuos • desarrollo de alianzas • responsabilidad social

Nótese la insistencia en la necesidad de contar con personas implicadas y capaces para poder asegurar buenos resultados en el largo plazo. Las competencias no son sólo un asunto de gestión de los recursos humanos, son uno de los pilares en la consecución de los objetivos estratégicos de una empresa y son además condición para llegar a ser una organización capaz de alcanzar y mantener buenos resultados para sí misma y para quienes se relacionan con ella. ¿Acaso duda aún en el valor de apostar por el desarrollo de las personas?

EFQM, (1999),
Fundación Europea para la Gestión de Calidad,
en: www.efqm.org

 

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