![]() |
![]() |
| · Año 9 · Número 108 · Diciembre 2003 · |
|
![]() ![]() |
![]() |
|
![]() |
|
|
|
|
HECHOS: 1. Un periódico de circulación nacional (Reforma, 12/11/03) publica en su primera página que el IMSS ha “gastado” (las comillas son mías) una cantidad exorbitante en pantallas planas para sus salas de video conferencia. La implicación es que el IMSS no debe de actualizarse tecnológicamente porque sus recursos son limitados. 2. En un hospital privado de la localidad, un paciente frecuente debe de llenar cada vez que se hospitaliza una hoja de ingreso con todos sus datos personales. Para hacerlo, recibe la visita de un empleado quien hace las preguntas, las transcribe en forma manuscrita a un formato y luego alimenta una base de datos. 3. Un cliente potencial de una reconocida compañía de seguros pide una póliza de vida. La empresa le solicita se someta a un examen físico y el cliente potencial tiene que acudir a tres direcciones distintas, en tres días distintos, al examen físico, las pruebas del laboratorio y la prueba de esfuerzo. 4. El Servicio de Administración Tributaria envía una notificación simple, con un “Notificador” (empleado del SAT) que antes de entregarla exige copia del acta constitutiva de la empresa para verificar el representante legal y luego la identificación del mismo. He iniciado esta colaboración escrita para Líder Empresarial narrando cuatro hechos reales y recientes que me han ocurrido o de los cuales he sido testigo. Es para el autor evidente que ninguno de ellos fomentan particularmente la competitividad de las empresas o instituciones a los que se refieren. Sin embargo, no es mi intención aburrir al lector con anécdotas que hubieran podido ocurrir a cualquiera de nosotros. Lo verdaderamente importante es preguntarnos: ¿son estos hechos excepciones? Lamentablemente no lo son. Hoy, en una gran cantidad de foros, los empresarios expresamos nuestra preocupación por la falta de competitividad de nuestro país, por la necesidad de reformas estructurales: La fiscal, la energética, la laboral y la del estado. No obstante, pocas veces escucho que hagamos un verdadero “examen de conciencia” y analicemos cual es nuestra actitud como empresarios, ejecutivos o servidores públicos frente a situaciones que deterioran nuestra competitividad. Analicemos algunas de ellas a la luz de los ejemplos citados anteriormente: 1. Desprecio por la tecnología Pareciera ser que en nuestra sociedad es pecado tratar de mejorar tecnológicamente. En el caso que relato del IMSS, el cuestionamiento no debería de haber sido hacia el monto (siempre y cuando el mismo estuviera dentro de parámetros de mercado) sino hacia el uso. Si las pantallas estaban destinadas a ayudar a un mejor trato al paciente o a reducción de costos administrativos en exceso del costo de dichas pantallas, entonces no era un gasto sino una inversión rentable. Si por el contrario, el equipo se utiliza en adornar la oficina de algún alto funcionario, los derechohabientes y los patrones tenemos la obligación de reclamar airadamente. La tecnología es uno de los elementos básicos en la mejora de la competitividad de las organizaciones. Necesitamos aprender a utilizarla para nuestra ventaja aunque ello signifique que el computador más moderno no esté en la oficina del jefe. Es primordial para quienes tomamos decisiones el estar al día en cuanto a los avances tecnológicos y sobre todo el tener la capacidad de discriminar entre los “gimmicks” o falsos avances y las verdaderas ventajas que las nuevas tecnologías presentan para nuestras organizaciones. 2. Explotación inadecuada de la tecnología En el caso del Hospital narrado anteriormente existe una alta probabilidad de que el formato llenado manualmente sea ingresado en un computador. Si la información ya la tienen en una base de datos me pregunto: ¿qué tan complicado sería asignar un número de paciente y que cuando entrara al hospital automáticamente se imprimiera su ingreso? En muchas ocasiones hacemos una inversión importante en tecnología y la sub-utilizamos por no decidirnos a realizar la inversión final. En otras, nos resistimos a re-entrenar a la persona que tiene tantos años con nosotros y le permitimos siga con los métodos antiguos. Todo ello conlleva costos que nos hacen perder competitividad pero más aún: Le da al cliente una imagen de una empresa/ institución anticuada y fuera de época. 3. Desprecio por el tiempo de los demás La trillada frase de “EL TIEMPO ES ORO” cobra actualidad en el mundo que nos toca vivir. A pesar de ello, pareciera que los mexicanos fuéramos inmunes a la condición del tiempo como un recurso no renovable. Imaginémonos al ejecutivo materia de nuestro ejemplo manejando de norte a sur de la ciudad y haciendo antesala en cada caso. ¿Cuánto tiempo utilizó?, ¿cuál es el costo real de ese tiempo? Tan simple que es citarlo en un solo local, hacer el examen médico y la prueba de esfuerzo en una sola cita. Peor aún: ¿cuál será la opinión del potencial cliente acerca de la organización de nuestra compañía? Los Mexicanos en general despreciamos el tiempo. Citamos a nuestros colaboradores a reunión y somos los primeros en llegar tarde. Nos invitan a un evento a las ocho y llegamos a las nueve. Vaya, el colmo es que ahora a las bodas se cita media hora antes de la ceremonia religiosa. Y lo peor es que nos reímos de ello. 4. Excesivas y complejas regulaciones/desconfianza En el relato hecho al inicio, el visitador del SAT existe porque hay una ley o reglamento que lo exige. Si el representante legal de la empresa no está entonces deja un citatoria para el siguiente día citándolo a una hora fija por el mismo visitador sin el mas mínimo aprecio por la agenda del visitado. Si no se presenta está en desacato y se hace acreedor a las sanciones que... verdadera competitividad. Todo esto se lleva a cabo en México porque nosotros no creemos en nuestras autoridades y estas no creen en nosotros. Lo grave del caso es que la excesiva reglamentación nos lleva a corrupción, pérdida de tiempo y también de competitividad. He querido expresar en esta colaboración lo que considero son cuatro pecados capitales en contra de la competitividad y al respecto de los cuales estamos en posibilidad de hacer algo todos los días y desde nuestra muy personal trinchera. Es innegable la necesidad de continuar, como sociedad, exigiendo las reformas estructurales que el país demanda para su avance pero de nada servirán si nosotros en lo personal y en nuestras organizaciones no hacemos un verdadero esfuerzo por una “reconversión” personal y organizacional. Ejemplos de organizaciones competitivas tenemos en nuestro medio. Observemos, comparemos y aprendamos. Iniciemos nuestra propia batalla por la competitividad.
|
![]() |
|||||