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| · Año 9 · Número 107 · Noviembre 2003 · |
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¿Qué tal les va, amigos lectores? El frío ha llegado a nuestra querida ciudad y parece que será un invierno largo y crudo. Y largo y crudo también será la negociación en el Poder Legislativo de este país para lograr acuerdos en las reformas estructurales que México requiere urgentemente. En los últimos números de Líder Empresarial platicamos sobre los grandes (y contradictorios) esfuerzos que realiza el gobierno para fomentar el autoempleo, y por ende el desarrollo económico del país desde una sólida base autosustentable. Y en los últimos días observamos como todos esos esfuerzos siguen siendo vanos por posturas intransigentes y falta de voluntad política para resolver diferencias. Nuestro querido país requiere ciertas modificaciones de fondo en la forma legal tradicional de manejar asuntos importantes. Recordemos que nuestra Constitución fue hecha hace ya más de ochenta años, y que durante todo este tiempo ha sido modificada manteniendo siempre tintes populistas y “revolucionarios”. Pues bien, dicha Constitución es extraordinaria, juristas de la talla de Cervantes Ahumada la catalogaron como una de las más completas del mundo… de un mundo que ha evolucionado más rápido que nuestra Constitución. Es necesario revisar la legislación laboral, la energética, la política, entre otras. Aunque desde mi punto de vista NO en este orden. Creo que la reforma política, la llamada Reforma del Estado es quizá la más urgente de todas. ¿La razón?, pues veamos. Según la teoría política de la República, afinada por los pensadores enciclopedistas franceses del siglo XVIII (aunque no creada por ellos), y de modo muy general, una República está formada por el pueblo que a través del voto nombra a los representantes del Estado, el cual está formado por el Poder Legislativo, que se encarga de crear las leyes (o corregirlas), el Poder Judicial, quien las interpreta en la práctica mediante Juicios, y el Poder Ejecutivo, quien se encarga de que se cumplan. La teoría parece muy linda, pero en la práctica se ha demostrado que no funciona. Y no funciona por la simple razón que es muy difícil que todos se pongan de acuerdo, y más cuando todos estos poderes tienen la misma fuerza y ninguno está por encima del otro. Esta es la explicación del famoso “fuero” de los diputados del que tanto abuso han hecho los mismos, entre otras cosas. Por esto mismo, y retomando el inicio de este artículo y de los dos números anteriores, ¿Cómo podemos lograr que este país avance y obtenga mejores beneficios económicos para el pueblo, si desde la base política las cosas no andan bien?. Pues la respuesta también parece simple, ¿no cree?, ¡Modificando esa base política!, realizando la reforma del estado. Sin embargo, para como están las cosas en México, creo que tendremos que esperar un período muy largo de tiempo, mientras este país sigue perdiendo competitividad internacional, nuestros trabajadores siguen sin poder avanzar, nuestros trabajadores (nada trabajadores) siguen avanzando a costillas del patrón, y todos seguimos perdiendo la fe, si bien no la esperanza. Me despido deseándoles un mercado de logros a
la alza, con posiciones largas en expectativas personales y no muchos
sobresaltos.
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