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| · Año 9 · Número 107 · Noviembre 2003 · |
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Por lo regular cuando un estudiante concluye la universidad y todavía se encuentra festejando su fiesta de graduación, luciendo un hermoso anillo de oro, en donde son estampadas las iniciales de su escuela y ciclo generacional, tiene la sensación de haber llegado a la antesala de un mundo maravilloso en el que él mismo se visualiza ejecutivo, al frente del grupo de colaboradores, los cuales sienten admiración y respeto por el nuevo profesionista, que entra con el pie derecho a su oficina con acabados de caoba, computadora conectada al Internet y una hermosa secretaria esperando ansiosa el momento en que el jefe le dicte el primer oficio… ¿No es acaso éste el hermoso cuento de hadas, que bien podría inspirar a los estudios Walt Disney a realizar una película…? Tal vez exista uno que otro caso raro en el que así suceda, sobre todo cuando se trata del primogénito del dueño de la compañía, sin poner en tela de juicio la capacidad de algunos, que seguramente son excelentes Directores. Quizá esté de acuerdo conmigo, amable lector de que al menos que la persona en cuestión sea recomendado de algún magnate de reconocido prestigio, todos los que conformamos el grueso de la fuerza laboral, tenemos por lo regular que abrirnos paso, hacia mejores perspectivas dentro de la estructura orgánica con base en gran esfuerzo y dedicación. Derivado de lo anteriormente expuesto, es importante mencionar que la supervisión a las funciones que desempeña un equipo de trabajo, debe realizarse con base en la capacidad y experiencia que una persona adquiere a través del tiempo y no siempre depende única y exclusivamente de su preparación académica. Por eso es recomendable que un estudiante no espere a comenzar a trabajar hasta que finalice su instrucción universitaria, sino adentrarse al mundo laboral casi al inicio de su carrera, con la finalidad de que al titularse o al comenzar su maestría, cuente con un recorrido de dos o tres años, ubicándolo en un mejor nivel. El Jefe o Supervisor, basándose en su pericia, debe anticiparse a los problemas que la intuición le dicte en un momento dado; es muy probable que por los errores cometidos durante el tiempo en que ocupó puestos de menor nivel, haya obtenido la destreza para no volver a cometer el mismo error, aquí es cuando la experiencia que ya hemos comentado juega un papel esencial. Sin embargo, no debe estar limitado a capacitarse en el ámbito de competencia que se trate, también debe poseer las cualidades de un psicólogo e interesarse en el aspecto humano. Pero, ¿A que nos referimos con esto? El Jefe o Supervisor debe conocer a la perfección la forma de ser de cada uno de sus colaboradores. Existen jefes demasiado autócratas, cuyo principal objetivo es que se cumpla con el trabajo, no importando el modo como se logre. A este tipo de supervisores no les interesa el estado de salud de sus empleados, ni los problemas personales que puedan presentar. Difícilmente otorgan permisos para ausentarse, aunque sea temporalmente, son muy fríos e insensibles, dando como resultado que poco a poco se vayan ganando el desprecio de los demás. Los hay también paternalistas; dándole mayor importancia a “quedar bien” con sus colaboradores que al propio trabajo. Por lo regular sus empleados les toman la medida, incluso van perdiendo autoridad, creándoles diversos problemas con los ejecutivos de mayor jerarquía, ya que generalmente éste tipo de actitudes ocasiona que se retrase el trabajo de manera significativa. Lo importante en estos casos es encontrar el punto medio, en el cual no se deba ser ni demasiado autoritario, ni demasiado paternalista. Además estar consientes de que un tipo de actitud da excelentes resultados con el empleado “X” y otro tipo de actitud es aplicable con el empleado “Y”. Ser un buen Jefe o Supervisor no es cosa fácil, es necesario que se reúna el talento, la capacidad para saber distinguir entre lo permisible y no permisible, tener los pies bien puestos sobre la tierra, crear un ambiente laboral que dé lugar a una óptima convivencia interpersonal y sobre todo tener calidad humana. Por último quisiera expresar la cita de un personaje llamado Juan Luis Vives, leído en el libro “Como triunfar en el trabajo” cuya autora es Gabriela Vargas ”No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras…”
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