Publicado el: 9 Agosto, 2017

Por Carlos de Luna

Siempre se busca establecer una excelente empresa desde el inicio. El emprendedor visualiza sus sueños con base a lo que aspira al conseguir el éxito de un producto o servicio. Voy a mantenerme al margen de las famosas 4 P del marketing (producto, precio, publicidad y plaza), que siempre se mencionan para desarrollar una estrategia exitosa de comercialización, y me enfocaré en otras ideas.

En este mundo acelerado, que lleva una inercia especialmente voraz en la competencia por destacar, los humanos se han convertido rápidamente en consumidores que comparan más, cada vez más insaciables y que constantemente buscan establecerse en un nicho de mercado al cual aspiran y del cual no quieren salir.

Es decir, quieren mejores productos, más duraderos, más accesibles de adquirir y que excedan sus expectativas. En pocas palabras, cosas que los vuelvan referencia ante los demás y ante sí mismos, en una estupenda posición de estabilidad económica.

Sin lugar a dudas, las empresas siempre buscan tener un rol preponderante en el reto de ser las mejores; sin embargo, algunas dejan de lado aspectos clave para alcanzar el éxito. ¿Qué factores funcionan para que se comercialice eficientemente un producto o servicio, para que sea aceptado y se recomiende viralmente en el mercado?

• Calidad. Debe ser sublime, superior a lo que existe.

• Atención. Hay que dar un especial seguimiento al cliente desde que se lanza el producto hasta que lo tiene en sus manos. La atención está relacionada con la generosidad como valor principal de la organización. Nunca se debe dejar solo al comprador, el cual exige garantías y desea que su adquisición cumpla con sus expectativas.

• Disponibilidad. No se puede vender lo que no se tiene. La disponibilidad se refiere a la capacidad de responder a las demandas del mercado de forma óptima.

• Carisma. Este factor es uno de los más difíciles de mantener en las organizaciones. Todos los colaboradores deben expresar su orgullo por pertenecer a una compañía ejemplar; pero especialmente deben entender para qué se les contrata. Uno sabe en dónde está trabajando, porque el propietario atiende todos los detalles, gestos de generosidad y atención al cliente… Los trabajadores imitan lo que ven del dueño.

• Investigación. Conocer lo que el competidor ofrece y las oportunidades que tiene el mercado de adquirir productos, dejó de ser proyecto finito y se convirtió en un deber ser. Evaluar el mercado implica explorar qué existe en él, qué tan competente es la empresa ante las otras, en qué es vulnerable y en qué es líder. Enfocarse en identificar las últimas tendencias es anticiparse a ser siempre elegido.

• Repetición. Asegurarse de que el consumidor regrese y recomiende. Hacer clientes de por vida es el objetivo esencial de los negocios. No se trata de vender una sola vez o a una misma persona.

• Vigencia. Las organizaciones envejecen en la medida que no cubren las necesidades del comprador. Por eso, la innovación se vuelve un valor imponderable.

• Pregonar. “Santo que no es visto, no es adorado”, una de las frases célebres de los mercadólogos. Saber comunicar no implica emplear grandes cantidades de dinero en los medios; por el contrario, significa encontrar los lugares adecuados para transmitir las fortalezas y el valor del producto. En este aspecto, muchos empresarios no se han dado cuenta de la oportunidad que brinda la era digital y cómo complementa a la tradicional.

Casa Madero pone de manifiesto los retos de una empresa que no la ha tenido nada fácil. Quien no fracasa en el intento, no puede asumir la oportunidad de ser mejor, porque el éxito se persigue.