Publicado el: 19 Abril, 2017

Los ataques consuetudinarios de Donald Trump en contra de los mexicanos han llenado los titulares de la prensa y todo apunta a que las cosas no cambiaran. Como prueba de ello, solo basta rememorar el encuentro entre el presidente de EUA y el primer ministro de Canadá: el trato que recibió Trudeau nos avisa que los estadunidenses no ven a México, aunque es parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, con los mismos ojos con los cuales miran a su socio canadiense.

Tanto la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) como el Fondo Monetario Internacional, bajaron los pronósticos de crecimiento económico de la república mexicana para este año, de 3 a 2.3 por ciento; esto debido a que saben que el país enfrentará complicaciones externas (principalmente con la nueva administración norteamericana), las cuales afectarán su actividad económica. De hecho, la OCDE ya catalogó a Trump como un riesgo para México e invitó al gobierno a aclarar cómo será su relación comercial y migratoria con EUA.

Pero hay algo que el presidente estadounidense parece estar pasando por alto. En un reporte de 2014, la Oficina del Censo de Estados Unidos reportó que 59,444 compañías de EUA (19.5 por ciento del total) exportaron a México 240,249 millones de dólares, y de esas empresas, el 46 por ciento son micro y pequeñas (de 1 a 50 empleados). En contra parte, las que importan mercancías de México son 16,138, o sea, un 8 por ciento del total. Esto quiere decir que somos el segundo cliente más importante para nuestro vecino del norte, después de Canadá, algo que nos debería colocar en un lugar importante de su economía.

Si bien el desprecio a lo mexicano fue una estrategia de campaña, podríamos pensar que Trump no estaba enterado de lo trascendentes que somos para su comercio. Ahora, ya como mandatario de su país y con todos los datos en la mano, debería cambiar su posición, puesto que de seguir con su rechazo, aquellos que comercian con México se verían afectados. Sería una buena jugada que todas esas empresas norteamericanas se unieran y velaran por sus intereses, para que el gobierno de EUA viera la relevancia que tiene un mercado compuesto por 125 millones de personas.

También, debe tomarse en cuenta que las armadoras de vehículos, el punto de mira de Trump, tienen una composición muy alta de partes fabricadas en territorio estadounidense y que gracias a las facilidades y la competitividad desarrolladas por los mexicanos, es rentable ensamblar los autos en nuestro país. Aunado a eso, la devaluación del peso ayuda mucho a los exportadores.

Por lo tanto, creo que debemos  ser muy firmes y prudentes en esta nueva época de relaciones con EUA, pues su nueva política proteccionista busca ser muy ventajosa. De hecho, Trump ha escrito que su forma de negociar consiste, primeramente, en ablandar a la otra parte para después negociar con fuerza y sacar la mayor ventaja. Ojalá no se dé el caso con México y pronto se defina si somos o no somos socios.