Publicado el: 17 abril, 2017

En las últimas semanas, ha habido una discusión sobre el posible impacto que tendría un eventual retorno masivo de mexicanos desde EUA. Se ha discutido en especial el caso de aquellos que necesitarían reinsertarse en el sistema educativo mexicano. ¿Hay o no lugares suficientes para ellos? Los datos duros sugieren que sí y que el fenómeno no es nuevo. Veamos.

Para empezar, no existe por ahora un modelo econométrico que permita estimar el flujo real de repatriados a México desde EUA en los próximos años, debido a que la administración Trump no ha expedido las Executive Orders específicas para deportar a este grupo de inmigrantes ni los supuestos legales, logísticos e institucionales que, al menos por aproximación, faciliten medir la dimensión del fenómeno.

Se ha discutido en especial el caso de aquellos que necesitarían reinsertarse en el sistema educativo mexicano. ¿Hay o no lugares suficientes para ellos?

Sin embargo, hay que recordar que las deportaciones de mexicanos entre 2007 y 2016 (los últimos dos años del gobierno Bush y los ocho del gobierno Obama) registraron números significativamente mayores que los de todas las administraciones republicanas y demócratas desde 1963.

Como ha documentado el Instituto Nacional de Migración, el promedio de esa década fue de 397,000 connacionales deportados por año, alcanzando su tasa más alta en 2008 y 2009, a consecuencia de la crisis financiera de esos años; pero mostrando un claro descenso de 2010 a 2016. De hecho, entre 2009 y 2014, según el Pew Research Center, el saldo neto migratorio de México a EUA fue negativo en 140,000 personas.

México fue recibiendo a casi 400,000 connacionales por año que se incorporaron al mercado de trabajo, al sistema escolar o a actividades privadas.

Este hallazgo revela que, de manera casi imperceptible, México fue recibiendo a casi 400,000 connacionales por año que se incorporaron al mercado de trabajo, al sistema escolar o a actividades privadas. De ello dan pleno ejemplo dos indicadores. Uno es que durante el cuarto trimestre de 2016, la tasa de desocupación desestacionalizada fue de 3.6 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA), su nivel más bajo desde el segundo trimestre de 2006, cuando se ubicó en 3.4 por ciento, de acuerdo con el INEGI. Es decir, el mercado laboral eventualmente absorbió a quienes ingresaron a la PEA, ya fueran residentes en territorio mexicano o connacionales deportados.

Regreso a la escuela

El otro indicador más relevante es que la cobertura escolar en México creció de una manera sistemática durante la misma década en que se observó un flujo de repatriados de casi 400,000 personas por año. Por ejemplo, entre los ciclos 2006-2007 y 2015-2016, último dato disponible, la educación básica pasó de 93 a 96.6 por ciento de cobertura; la media superior, de 57.9 a 74.2 por ciento; y la superior, de 25.2 a 35.8 por ciento. Esto confirma que el sistema educativo nacional tuvo la capacidad de incorporar tanto a los estudiantes regulares que transitaron de un nivel a otro, como a aquellos repatriados que se insertaron o reinsertaron en las escuelas mexicanas.

Ahora bien, para estimar las cifras en el caso de la educación superior, es factible utilizar las relativas a 2016, las cuales contienen una estadística exacta. Ese año retornaron a México 219,932 personas, de las cuales 2,155 (0.98 por ciento) tenían una licenciatura incompleta y 22 (0.01 por ciento) un posgrado incompleto, es decir, el número de deportados que eventualmente podrían solicitar ingreso a una universidad del país fue de 2,177.

El sistema educativo mexicano parece capaz de absorber una demanda como la proyectada.

Extrapolando esta última cifra con el promedio anual de repatriaciones 2007-2016, ese grupo de escolaridad vendría siendo de 3,970 personas que hipotéticamente solicitarían entrar a una universidad en cualquier parte de la república mexicana, flujo absolutamente manejable. Y si lo llevamos a un escenario más adverso –supongamos que los repatriados aumentaran en 25 por ciento–, entonces serían 4,962 individuos los que solicitarían un lugar para continuar sus estudios. La ANUIES ha calculado que tiene aproximadamente 30,000 lugares disponibles.

En suma, con la información y las tendencias estadísticas observadas en la última década, podría asegurarse que el sistema educativo mexicano parece capaz de absorber una demanda como la proyectada.